La película de mi vida

El filme de mi vida: un voto por la poesía de las cosas simples

Una de las noticias que mantiene en vilo a los cinéfilos habaneros es descubrir qué película “abrirá” cada nueva edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, con sede en La Habana y establecido desde hace décadas como uno de los eventos de fin de año con mayor convocatoria de público y participantes. Este año, la ceremonia de apertura de la presente edición será agasajada con la cinta El filme de mi vida (O filme da minha vida), drama del cineasta brasileño Selton Mello, estrenado en agosto de este año en Brasil.

El filme de mi vida está basada en la novela Un padre de película, del escritor chileno Antonio Skármeta, según el cual, la novela se refiere a «la relación de padres e hijos, los afectos y la difícil pertenencia a alguien o a algo». Las obras de este polifacético autor han sido llevadas a la gran pantalla en varias ocasiones, tal es el caso de Ardiente paciencia, dirigida por el propio Skármeta; El baile de la victoria, de Fernando Trueba; El cartero, de Michael Radford y más recientemente No, de Pablo Larraín. Al parecer fue idea del propio Skarmeta realizar el filme en Brasil, para lo cual le sugirieron a Selton Mello como director ideal por estar interesado en contar «pequeñas grandes historias» y que tienen la singularidad de girar en torno a la familia.

La adaptación cinematográfica corrió a cargo del propio Mello –ganador del Premio Coral de Actuación en el 2001 por A la izquierda del padre– junto a MarcelloVindicatto, con quien el joven director colaboró en guiones para sus dos filmes anteriores, Feliz Natal y El payaso. Asimismo, seguro que muchos recordarán la popular telenovela, trasmitida hace varios años en Cuba, La fuerza del deseo, en la que Mello interpretaba a Abelardo, uno de los hijos del Barón Sobral.

Ambientada en el Brasil rural de los años sesenta, El filme de mi vida nos revela la historia de Tony, hijo de un francés con una brasileña, quien se marcha a la capital para estudiar en la universidad y tener una vida perfecta. Pero al graduarse y regresar a su ciudad natal recibirá la noticia de que su padre ha regresado a Francia sin ninguna explicación. Tras varios intentos fallidos de contactar a su padre, Tony intentará reponerse de esta pérdida llenando su vida con otras experiencias como romance, viajes y cine. Comienza a trabajar como profesor de una escuela donde deberá lidiar con estudiantes adolescentes y todos los conflictos que implican esa edad, para descubrirse a sí mismo como una figura comprensiva y protectora. Siempre con el cine de pretexto y trasfondo se harán revelaciones que lo llevarán a descubrir el paradero de su padre y las verdaderas razones de su partida.

Fiel a su formación actoral, Selton Mello se suma al reparto encabezado por Johnny Massaro quien interpreta a Tony, y Bruna Linzmeyer (Luna) quien estará presente en la gala inaugural de este Festival–, conocida por el público cubano debido a su actuación como la autista Leila en la recién trasmitida novela Rastros de mentira. El papel del padre se reservó al actor francés Vincent Cassel (Nicolás), a quien se le ha visto últimamente en varios rodajes brasileños. A los anteriores se suman Ondina Clais, como Sofía, y Beatriz Arantes, como Petra, entre otros.

La producción estuvo compartida entre Bananeira Filmes y Globo Films, contó con el apoyo de RioFilme, ANCINE y BRDE y la distribución corrió a cargo de MGM International y Vitrine. La filmación tuvo lugar entre los meses de abril y mayo de este mismo año en varias locaciones de la sierra brasileña del sur. Una región apenas filmada, escenario de importantes episodios de la historia brasileña y cuyos paisajes llenos de bruma y luces sirvió a la intención del director de hacer una película bella, confeso tributo a Tolstoi y a su pensamiento de «que solo la belleza –la estética– nos salvará». Precisamente para plasmar esa belleza Mello convocó para la dirección de fotografía al experimentado Walter Carvalho, considerado uno de los grandes maestros de fotografía en la historia del cine brasileño, quien ha trabajado en más de sesenta filmes entre los que destaca Carandiru (Héctor Babenco, 2003) y la versión cinematográfica de Budapest, novela del músico y escritor Chico Buarque, dirigida por el propio Carvalho y estrenada enversión cinematográfica durante el 2009.

Más que un drama de familia el resultado final ha sido un filme de gran belleza y lirismo, donde ese Brasil de los sesenta, parece más bien un país y un tiempo míticos donde el padre añorado por Tony, existe y esa edad de juventud no parece acabar. Es también una obra sobre la memoria: la histórica, la social, la familiar, la nuestra, que podemos perder o atesorar si conservamos los pequeños momentos que hacen nuestra vida grande e imperecedera como la de los personajes de una película.

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