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La 4ta compañía y Carpinteros: una experiencia entre barrotes

La 4ta compañía y Carpinteros, dos filmes que concursan este año en largometraje de ficción y ópera prima respectivamente, se basan en historias reales con un fuerte carácter testimonial. La primera representa el México de finales de los ´70 y principios de los ´80, mientras que la segunda se desarrolla en República Dominicana. Ambas fueron documentadas en el lugar donde ocurrieron los hechos: la cárcel.

“La prisión es un ente vivo y cada una es reflejo de cómo funcionan los sistemas de cada país. Esta habla de todo México. Existía un estímulo para la creación, que no necesitaba más realidad que la contundencia del encierro. Combinamos el reparto entre actores profesionales e internos. Trabajamos con los presos y los incorporamos a nuestro proyecto, hicimos círculos de confianza con ellos. Resultó ser una experiencia muy enriquecedora”, al decir de Vanessa Arreola, co-directora de La 4ta compañía.

Es este un filme enmarcado en un contexto donde la corrupción y el crimen no conocen de límites. La cinta relata cómo, bajo la tutela de las autoridades, el equipo de fútbol de una penitenciaría se escapa en las noches a robar en la ciudad. Así, la película muestra un mundo paralelo al que la mayoría conoce en un espacio ajeno y, a la vez, tan común.

Su también director, Amir Galván cuenta que “fue un plan con «maña», pues desde el inicio sabíamos que era la Penitenciaría de Santa Martha, donde ocurrieron los hechos en verdad. No es una cárcel tan sobrepoblada, pero es la de mayor perfil criminal de México y en ese momento era la segunda prisión más peligrosa del mundo. Fue una tarea de aprendizaje y contingencia. Tuvimos muchos consultores que nos decían cómo funcionaría la correccional, pero la realidad siempre es superior a lo que uno se imagina. Había autogobiernos o cogobiernos y es que los internos administran las cárceles como funcionarios. Fue un trabajo casi de inteligencia para saber por dónde movernos y saber qué era seguro y que no. Pero la verdad es que nunca nos ocurrió nada peligroso”.

Con Carpinteros, dirigida por José María Cabral, fue muy similar en cuanto a la interacción con los internos interpretando su propia cotidianidad. Sobre su vivencia por aquellos días y para la personificación de su personaje, la protagonista dominicana, Judith Rodríguez, indica haberse nutrido de ellos y acudir constantemente a las prisiones.

“Un amigo de José María le contó la trama en que se basa la película: la historia de amor en señas que se había desarrollado en una cárcel. Llegamos con muchos prejuicios y, efectivamente sí, es un ambiente muy duro, distinto a lo que acostumbramos a ver. No sabíamos lo que íbamos a encontrar y fue una realidad muy cruda. Yo como actriz y mis compañeros vivimos ese miedo. Tuvimos que ser parte de ese círculo y nos hicimos amigos de los internos en cierto sentido, quienes trabajaban lo más orgánico posible. Por otro lado, se sentía la necesidad tanto de las autoridades como de los mismos presos de respirar algo nuevo, distinto, de que algo de ellos fuera contado. Salí con mucho dolor y con una experiencia humana, de conciencia social y antropológica. Lo más difícil del cine es trabajar con la realidad misma”.

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