María Luisa Bemberg: ella, la mejor de todas.

Las mujeres de María Luisa Bemberg abrieron una puerta del cine latinoamericano poco explorada hasta la década del ochenta: el audiovisual feminista. Antes de su filmes cuando hablamos de mujeres en las cinematografías nacionales del subcontinente, la pasión por las diva a lo María Félix o Dolores del Río o incluso el cine de rumberas, integran imaginario femenino de estas cinematografías[1].

Sería en 1980 cuando una mujer llamada Lucía—nombre que puede ser una grata coincidencia, pero que dialogaría orgánicamente con las Lucías que conocemos en Cuba— tuviera sus Momentos y se atreviera a indagar sobre el amor, e incluso a tener un amante. No es solo el hecho de tenerlo lo que convierte a la ópera prima de Bemberg en una revelación para el cine feminista, sino la forma en que la mirada de la directora indaga sobre temas como la monogamia, así como invierte clásicas acciones atribuidas a los roles masculinos, no por una simple molestia, sino en busca de interrogantes que las personas dan por sentadas cuando son realmente actitudes construidas culturalmente. Empecemos por el final: Lucía decide dejar a su amante y regresar con su esposo, quien la recibe sin reproches. Ante este final, uno puede juzgarla y pensar que esta mujer no sigue sus ideales románticos, ¿pero no es esto acaso lo que llevan haciendo la gran mayoría de los personajes masculinos en la historia del cine?: volviendo a casa, a una esposa que los espera sin reproches.

Momentos tiene desnudos masculinos, que además de subvertir la norma tradicional de la male gaze en que la mujer es quien siempre muestra su cuerpo desnudo para un placer heteronormativo, no lo somete a través de la mirada a una objetualización.

Muchas veces se ha asociado el feminismo, y por consiguiente el cine que lo representa, a la destrucción de los hogares y a la negación del amor. El movimiento y sus audiovisuales, como los de Bemberg, no niegan la existencia del amor sino la del ideal del amor romántico establecido por las novelas decimonónicas. Así encontraremos que desde Momentos, pasando por Señora de nadie (1982) hasta Yo, la peor de todas (1990) cada mujer se encuentra buscando un compañero/a, un igual en el sentido del respeto entre los miembros que conforman las relaciones de pareja.

Pero esta búsqueda no se convierte en una ruta rígida desde la militancia, sino que intenta extenderse rozando los límites de lo surreal. Los personajes femeninos de cada filme atraviesan caminos de crecimiento personal, pero también cometen errores que pueden traicionar las mismas posturas que defienden.

El cine de esta directora argentina interpela las dualidades sobre las que se ha construido el patriarcado. Para ello crea una fotografía de contrastes, de luces y sombras que son colocadas especialmente a través de las puertas y las ventanas como parte natural del ambiente donde coexisten sus personajes. La búsqueda de los espacios en cada filme se opone entre lo público y lo privado. Así, por ejemplo, los amantes de Momentos se sienten incómodos en la privacidad de una habitación, la cual les produce calor como metáfora del deseo de hacer pública su relación. En contraste, la mujer separada de Señora de nadie huye de los espacios públicos y busca constantemente su habitación propia[2], donde pueda ser ella y encontrarse después de ocupar por tanto tiempo el rol de esposa/ama de casa perfecta.

La iluminación contrastante en las escenas adquiere un matiz diferente, más cercano a lo barroco, en el filme Yo, la peor de todas. Es lógico suponer que para esta cinta, basada en la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz, la directora apele a una dirección de arte y ambientación perteneciente a la época en que vivió la poeta. Pero incluso en esta ocasión, Bemberg utiliza las luces y sombras para realzar a sus personajes femeninos, así Sor Juana aparecerá bajo una iluminación beatífica, pero que hace directa alusión al conocimiento como forma de liberación, dialoga directamente con el significado de la Ilustración.

Yo, la peor de todas. (1990)

En ese sentido, Yo, la peor… inspirada en el ensayo “Las trampas de la fe” de Octavio Paz, logra construir una Sor Juana que brilla ante todo por su inteligencia. Detrás del hábito creado para el personaje interpretado por Assumpta Serna, aparece a medida que avanza el filme una erudita, una mujer y una luchadora feminista. En ese estricto orden. Bemberg una vez más crea, desde la demanda del movimiento feminista que es la educación para las niñas, una mujer/personaje que se escapa del redil de lo dogmático. Existen en el filme momentos donde Sor Juana/Assumpta logra verse hermosa, incluso detrás de los hábitos de monja, y esto no solo responde a la belleza e interpretación de la actriz, sino a la mirada que la realizadora logra conformar sobre una de las pensadoras más grandes del continente americano.

Las demandas sociales y feministas que actualmente reivindica la tercera ola de este movimiento, tuvieron recreaciones en la filmografía de María Luisa Bemberg. La visión del matrimonio como un contrato económico en el que las partes se comprometen a cumplir un determinado rol, es la trama que envuelve y se denuncia a la vez en Señora de nadie. Una de las estrategias que el sistema patriarcal ha puesto en práctica para la asimilación del divorcio dentro de sus lógicas de producción, es la manutención de los exesposos a sus exesposas. En esta salida contractual de lo que fue el matrimonio, se muestra una hipocresía por parte de las mujeres que lo aceptan, y la reafirmación y obligación de los hombres como proveedores. En ese sentido, Leonor no acepta ni la manutención de su exesposo, y tampoco hacer la vista gorda de sus infidelidades.

La mirada de la cineasta a los sujetos masculinos de sus filmes está encaminada tanto a deconstruirlos como a exponerlos como los privilegiados de un sistema androcéntrico.

En sus filmes encontraremos masculinidades en crisis como la del amante de Momentos, ese clásico macho que puede fingir dependencia y manipulación a la misma vez. Quedan reflejadas también masculinidades otras, como el compañero de piso de Leonor en Señora…, para quien declarar su homosexualismo no constituye un obstáculo, ni para él ni para los que le rodean.

La filmografía de María Luisa Bemberg crea sujetos femeninos que ponen constantemente en crisis el universo que se ha creado para ellas, a la vez que lo habitan, pues es imposible cambiar las realidades del mundo sin antes vivirlas.

Notas:

[1] En México está el caso de la actriz, directora y productora mexicana Mimí Derba, quien junto a Enrique Rosas fundaron la Compañía Azteca Films en el año 1917. Convirtiendo a Derba en la primera directora de cine nacional.

[2] Aquí hago alusión directa al título del texto de Virginia Woolf, “Una habitación propia”, en el cual plantea que las mujeres deben tener una habitación propia para poder crear. Entiéndase creación aquí como sinónimo de libertad e independencia.

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